Wednesday, May 24, 2006

tres versiones, 24/05/06, 10:08 a.m.

Necesitábamos un tema que evitara perpetuar el odio al heavy metal. Los tres habíamos declarado la satisfacción por la aparición de Floyd, de la cura del señor Smith y de las inagotables jornadas de Kobain, Novoselic y Groll; aparición que despojó la música del copete araña y los trapos colgados, tanto en pescuezos de engendros satánicos que le cantaban al amor y al despecho, como de los inocentes micrófonos. Poison realmente envenena el alma y el cuerpo de quien lo escucha.

Ya habían pasado múltiples diatribas en el momento en que en la pantalla del televisor, que proyecta los videos en la ratonera en la que nos refugiamos para evadir el sitio policial del sico-parque favorito, dejó ver una sagrada falla. La estática fue más cómoda que el sonsonete mamón, repetitivo y casi tribal de la batería de ese chunco guevón que prestaba sus servicios a la banda inglesa.

Méndez advirtió, sin habérsele consultado y mucho menos con previo aviso, que la estática no era otra cosa que una guía para la confección de un bello saco de lana. Sólo podíamos imaginar a este tipo embelezado con recuerdos de su abuela, fascinado con los recuerdos táctiles de la lana y la energía que le hacía para los pelos del brazo. Muy maternal y muy estúpido nos pareció, sobretodo a mí, que descubrí que tengo un comportamiento más mancillado y perjudicado por el maldito metal. Esa fue la conclusión de la mesa, al enterarse que mi versión de los hechos estáticos consistía en una cruenta e infinita batalla entre dos ejércitos de hormigas: unas blancas y las otras negras que no cesaban de treparse unas encimas de otras con el fin de arrancarse sus cabezas con las tenazas, hallar a la reina contraria y violarla masivamente para erradicar cualquier rastro del bando enemigo.

Pero la sorpresa nos la llevamos cuando Don Cigarro, casi sin dejarme terminar la culada que estaba declarando entre risas egoístas e incomprensibles, comenzó su relato afirmando que había sido criado en un hogar profundamente católico. Ante nuestra repentina decepción, Don Cigarro insistió en nuestra atención relatando la manera en la que su colegio influyó para que él creyera ver al demonio donde pusiera su mirada. Conferencias, discos en acetato desafiando la aguja del tocadiscos y emanando berridos que sólo el experto decodificaba como adoraciones a Belcebú, quemas colectivas de afiches y cassettes, por los que en algunos casos yo hubiera matado y comido del muerto por tener. Toda esta vulneración de la tierna mente de un niño provinciano fue la antesala para que Don Cigarro pensara, cagado del susto durante horas que parecían años, sólo sin poder grita auxilio, que la estática en la pantalla del televisor era realmente la puerta al infierno, la ventana de salida de diablo, tal cual como en Hell Raiser.

Thursday, May 18, 2006

invitación para librar una batalla dentro de un sobre

"Ya pasaron los días en los que creí desfallecería irremediablemente. Ahora, casi como si saliera el sol en un día gris que ha vencido la tormenta, siento una muy leve esperanza llena de contradicciones e incertidumbres. Pero al fin y al cabo así es la esperanza, sobre todo cuando has podido descifrar en el fondo un engaño, confeccionado y pulido por nosotros mismos, pero engaño de todas maneras. Así son las coyunturas. Así son los momentos críticos. Tomas decisiones, pero no hay nadie ahí para recordarte que quizás 2+2 no siempre da 4. No puedes sentarte a ver cómo tu decisión se transforma en hombre lobo; tienes que pararte y salir corriendo, tanto para cargar tu arma como para simplemente huir.

Ya pasaron los días en que todo eso ocupa la cabeza, con mucha menos claridad y con muchísimos más retorcijones de tripas que intoxican las noches y emboscan los sueños. Ahora vienen, casi que los puedo sentir cabalgantes, esos días en los que se corona la nueva reina. Las invitaciones ya están en el correo, pero no quiero asistir al baile. Se posesiona la tristeza y nombrará su corte imperial. Ahora soy espía del régimen, pero nadie sabe que realmente soy un mercenario a sueldo de la esperanza. No puedo ocultar que tiemblo de pavor cuando la monotonía envestida de ejercicios ministeriales del terror, me intenta seducir con comodidad y otras ninfas.

Hoy quiero contarte que no tengo la intensión de irme a la cama otra vez sin recordar que el día de mañana seguiré preguntándome por qué Buenos Aires se llama así; ya no quiero seguir usando lentes oscuros para ocultar mis ojeras.

Asumo la dificultad actual. No abría nada más fascinante que recorrer las huellas de mi corcel, ese que alguna vez me tumbó de su lomo y que nunca quise recuperar. La armadura no se ha oxidado aún y ya le limpié esa sangre que siempre calculé que fuera de los monstruos que asesiné, pero terminó siendo la mía abandonada a chorros de mí yugular. Mi primera batalla ya está perdida. Asistí demasiado tarde para ver las armas de mi enemigo. No me asusta, por eso creo que jamás perderé la guerra.

Espero con calma a tu primer movimiento. Ya no me molesta esperar, porque ya no lo demando. Sólo quiero terminar de leer el libro del sigilo para aprenderte como una víbora. Requiero la paciencia que había cambiado por algunas cervezas, pero ya acumulé lo suficiente para exigir su vuelta con vigor. Lamento ya no saber tu lengua. Lamento no haber ido con un ojo abierto a tu colegio. La mayor pérdida ahora es la incertidumbre. Me golpee la cabeza y ya no se manejar este avión que va en picada. Necesito los manuales que te autografié. O por lo menos la señal de humo para intentar aterrizar".
  • Un texto que fue de Ana María Suárez Jiménez. Con el mayor amor para ella. Ahora, puede ser un texto para El Kapy, quien es su único admirador.

Tuesday, May 16, 2006

patrones, 16/05/06 11:45 a.m.


"Me gustan los hombres desesperados, hombres con los dientes rotos y los destinos rotos. También me gustan las mujeres viles, las perras borrachas, con las medias caídas y arrugadas y las caras pringosas de maquillaje barato. Me gustan más los pervertidos que los santos. Me encuentro bien entre marginados porque soy un marginado. No me gustan las leyes, ni morales, religiones o reglas. No me gusta ser modelado por la sociedad"





Charles Bukowsky

Monday, May 15, 2006

cara de camello, 15/05/06 2:30 p.m.

Resuelto como resulto siempre cada vez que llega una idea confundida a mi cabeza, advirtiendo que son pocas y no de la mejor calaña, salí esta misma tarde a cumplir con la misión que me he impuesto y que al parecer, me empujó a realizar el señor Benjamin. Sobre las dos y media de la calurosa tarde de este cagadero donde mis papás decidieron radicarse para "comerse el mundo mordisco a mordisco", me trepé dichoso en un Renault 4 (no recuerdo el modelo n el año, o si esas dos variables sean la misma!) que alguna vez fue rojo y el abrazador sol de estos lares a pintado como camiseta de hippie en Woodstock: el degradé de la pintura provoca unos visos en los que el rojo se encuentra con sus parientes el naranja y el rosado, dando así la impresión a quien lo ve de estar totalmente loco o bien rascado, no importa que sean las horas en las que las señoras van a misa o la cantidad de porro que se haya consumido.
Las niñas que iban en el carro, y debo decir ahora que no soy un pedófilo ni mucho menos un chicanero que les relatará a los exiguos visitantes de este bolg una travesía sexual con tres adolescentes, sabían qué debíamos hacer y a donde dirigirnos. Sin más, y a pesar de los 38 o 40 grados centígrados, que parecen más y turban igual, Carito condujo el R4 a la increíble velocidad de 20 km/h por parajes poco frecuentados. Encendimos un porrito, que más me supo a chichi de perro que a la buena golden con la que había estado paseando los últimos días. No obstante, de cualquier culo sale sangre como sabían decir los hijueputas con los que me gradué del colegio, y por lo tanto, le pegué cuatro cinco caladas sin soltar del todo mis pulmones y sentí que ya había hecho la tarea. Ahora a esperar que guevonada resultaría digna de poner en este blog.
Al rato, despejada la gana y el pisquero, paramos a tomar una cerveza. Las niñas y yo nos sumimos en una conversación repetida en una esquina cualquiera. Cuando el ojo se achinó del todo, y las flores del mal tapizaron el único atisbo de conciencia, justo cuando sentí la estela de humo, aserrín y puntillas que dejó mi cabeza disparada con los dos primeros plones de mustang azul, escuché una de las convesaciones más prudentes y más reveladores de lo que hacen y dicen (o rebuznan) cuatro imbéciles cara de ponqué. La señorita León de la Concha, integrante del R4 decolorado, se dispuso a rascarse la pierna ya atormentada por los putos zancudos que no dan tregua; en ese insatnte, vi el dedo pulgar de su mano izquierda, y a pesar que lo he visto y admirado duarnte horas hace muchos meses, no dejó de sorpenderme. Ese dedo, si es que debemos usar la misma palabra tanto para enunciar aquellos perfectos y a la inmundicia que esta niña tiene en su mano (que me perdonen por favor los dedos de Irene, que me cogían las guevas de la manera más sutil que he probado en mi vida), parece mejor el dedo del pié de un árbitro de futbol retirado, con pié de atleta y todos sus aderezos.
La chiqui, quien fue la conductora elegida, aunque no tenga idea de manejar carro, y mucho menos un R4 psicodélico, se cagó de la risa recordando que la señorita León de la Concha protege su dedo mutante con los otros cuatro cuando ha de agarrarse de las barandas en los buses o cuando juega cartas (jamás jugamos cartas, o por lo menos no lo hacemos juntos). Cagué de risa incontenible. La mesa del lado jamás entendió por qué. Ahora yo tampoco, la verdad me parece un poco insulso, pero ese es mi material. Y es que no siempre se podrán conseguir buenos sucesos, buenas fotos. Fue en ese instante que, acudiendo al viejo clamor por la solidaridad de grupo en contra del indefenso, les confesé a la chiqui y a Carito que a mi se me antojaba creer que ese "dedo" estaba confeccionado con el mismo material genético del que está hecha la naricilla, si bien ésta parece haber sido hecha, efectivamente y para darle crédito al popol vuh, de barro arrojado a la cara redonda de la señorita León de la Concha con rencor y astío. Enseguida, la hijueputa de la Carito, quien no se había quitado los lentes oscuros a pesar que las gotas de sudor ya se almacenaban bajo sus párpados, detalló que las fosas de esta nariz demoniaca parecían haber sido arrolladas por un camión antes de haber sido instaladas en el conjunto facial de nuestra amiga. Pobre destino, un dedo mounstro y una nariz de mierda hacían de esta niña el moscorrofio de turno en la mesa. Burlarnos de nosotros mismos, no había nada más que hacer para matar esos minutos que ahora cualquier marica asegura vender en una esquina.
Como era de esperarse, la señorita León de la Concha se defendió. Y como era de esperarse, nos ayudó a seguirla torturando, colaborando muy dignamente a perpetuar el buen estado anímico. Sin decir más, dijo que su verguenza era defendida con una explicación vehemente: se comía la uña y se chupaba el dedo cuando era pequeña. Respuesta que, sin lugar a dudas, era desestimada por el asombrado (y repugnado) que había hecho lo mismo a su edad. Era entonces cuando, con un arrogante y valiente: ah, no se marica!, la señorita León de la Concha despachaba de una vez por todas al sapo preguntón. Y listo.
Pero con la nariz no tuvo remedio. Así que, doblegada ante nuestra carcajada seca, infló sus fosas y empuñó sus manos cual boxeador monteriano. Momento sublime. Vino, pues, a mi memoria la cara de Natalia, amiga de la universidad que seducía a su amante de turno con una mueca bautizada por ella como cara de camello. De hecho, mi sugerencia a la señorita León de la Concha fue mínima: le pedí que inflara sus fosas al mismo tiempo que llenara de aire la parte superior de sus labios. Así se consumó la cara de camello, a lo que ella, en gesto de amabilidad y sin preveer que la chiqui estaba a punto de miarse de la risa, metió su pulgar achatado en la fosa derecha.
Esto es lo que sucedió en una turra cotidiana de cuatro guevas a 40 grados centígrados en un pueblo anodino. ¿Qué más podría pasar?...la tarde estaba aburrida, antes y después de esa cara y ese "dedo".

si lo hizo Benjamin, por qué yo no?

En la reciente feria del libro, mierdero utópico, anillo del averno que Dante no relacionó en La Comedia, tuve, por fin, o mejor por primera vez en mi vida, algo de billete para hacerme a algunos libritos. Claro, mi amigo de Manizalez no dudadría en llamarme miserable, porque asugura sin verguenza alguna que, la cifra que gasté es alta para mí y mi mente proletaria y subyugada, pero irrisoria para alguien que no sólo tenga esa cantidad para repartirla entre los indigentes que le velen a horas de almuerzo, sino que piense que en serio es una chichipatada yq ue vale verga gastarsela.
Como me sentí ricachón con los escuetos $250.000, me dirigí a los pabellones y stands que antes jamás soñe pisar por temor a ser retirado por la fuerza armada del brazo como cualquier rata, como cualquier amigo, como cualquier cristiano que babée por Mondadori, por Taschen...por Anagrama, Paideia, Siruela...en fin. Llegué al stnad de Taurus, libros de pasta dura, libros con comentarios descrestantes en las solapas, títulos nuevos de autores ya arrugados, de autores que se deben estar sentados juntos ahora cagándose de risa de lo que nos dejaron. Y estando por ahí, detrás de cualquier mierda esotérica, encontré un librito de Walter Benjamin llamado Haschisch, el cuál resultó como fruto de los intentos juiciosos de sistematización de su experiencia con el consumo del jacho, tanto de manrea individual como en colectivo con otros figurones como el mismísimo Ernst Bloch.
Lo compré sin dudarlo mucho. No supe por qué con exactitud, pero de una corazonada supe que algún elemento justificatorio hallaría en sus líneas. Y sí, lo que encontré fue una profunda y radical divergencia con el propósito de los pilares de la Escuela de Frankfurt: Benjamin y Bloch consumieron Haschisch (no hachís que les sonó, de forma muy vulgar, la onomatopeya de un esturnudo!...por lo que tampoco fumaron jacho) con la convicción de que estaban ensayando una vía distinta para el ejercicio del conocimiento del mundo y de las acciones humanas. En realidad, dieron apertura a toda la mierda que con los años balbucearon entre vómitos y whisky personalidades de la talla de Warhol, Morrison, Reznor, Bjork....yo, tú, el, nosotros, vosotros, ellos, quien no, por dios???. Pero la diferencia con Benjamin está, exactamente, en que no creo consumir para acceder a nuevos escenarios de percepción: ya me se el cuento y lo comprendo, pero mi consumo tiene otra dirección: lo hago con un fin menos noble para la humanidad y para la ciencia. Lo hago porque me divierte, porque me da placer y ya. Soy un egoista, lo se, pero ante todo soy un hedonista...sin verguenza y listo papá, a quien hay que convencer, ah??
Benjamin, sin embargo, me ayudó con una ideita que pretendo cumplir acá: quiero jugar a recrear sitemáticamente, y en la medida de lo posible, mis trayectos, mis fantasmas, mis certezas y mis vericuetos. Esto pasará, con seguridad, en mi alcoba, en la calle, y básicamente en mi soledad aunque esté rodeado y acorralado.
Vamos a ver que...